
La disonancia cognitiva hace referencia a la tensión o desarmonía interna del sistema de ideas, creencias y emociones que percibe una persona que tiene al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto, o por un comportamiento que entra en conflicto con sus creencias. Este concepto fue formulado por Festinger en 1957, donde plantea que al producirse esa disonancia, la persona se ve motivada para esforzarse en generar
ideas y creencias nuevas que puedan reducir la tensión hasta conseguir que el conjunto de sus creencias, actitudes y conducta encajen entre sí, constituyendo una coherencia interna. Cuando se produce la disonancia cognitiva se produce un malestar que viene acompañado generalmente por sentimientos de culpa, enfado, frustración o vergüenza y, el individuo se ve forzado a crear nuevas creencias para reducir esa tensión y lograr coherencia interna. Las personas necesitan coherencia entre pensamiento y comportamiento tanto desde un punto de vista interno como externo, es decir, convencerse y justificarse a sí mismas y convencer y justificarse ante los demás de sus actos y comportamientos. Aunque de manera genérica nos acostumbramos a que exista coherencia entre lo que una persona sabe, cree o siente y lo que realmente hace, la suposición de que existe congruencia entre conducta y actitudes es bastante intuitiva y en realidad, la investigación psicosocial ha explicado cómo las personas podemos vernos motivadas a cambiar nuestra forma de pensar para que ésta no contradiga lo que hacemos o hemos hecho, es decir, las personas difícilmente reconocemos la inconsistencia y por tanto tratamos de justificarla. Siempre será posible encontrar razones para justificar nuestra conducta hasta el punto de que los individuos pueden llegar a auto-convencerse para lograr un equilibrio entre su conducta y su manera de pensar. Por ejemplo, lo que ocurre con las personas fumadoras. Se sabe que el tabaco es perjudicial para la salud (pensamiento) pero fuman aunque el médico se lo haya prohibido (comportamiento). Por ello, para evitar esta disonancia, en vez de romper el hábito se cambia de creencia convenciéndonos de que “los médicos también fuman” o “total, por uno más no me voy a morir”. De esta manera se auto convencen para reducir la ansiedad que provoca esta disonancia y el malestar psicológico que acarrea. El deseo de coherencia es una de las principales motivaciones humanas y así, el bienestar psicológico depende de la coherencia existente entre creencias y entre creencias y comportamientos.
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